Lo primero es no preocuparnos porque es algo bastante habitual. Muchos adolescentes sienten rechazo al principio porque piensan que no les va a servir, porque no quieren hablar de lo que les pasa o porque sienten que acudir a terapia significa que “tienen un problema” o porque piensan «yo no estoy loco». En estos casos, lo importante es no convertirlo en una lucha de poder frente a los padres. Conviene explicarles la ayuda psicológica como un espacio de apoyo, no como un castigo ni como una obligación humillante. A veces, lo primero que necesitan es sentir que se respeta su ritmo.