Terapia Pareja y Familia
Los cambios son fuente de conflictos
Los conflictos más graves en las parejas se desencadenan en momentos de cambios importantes: el nacimiento de un bebé, la independencia de los hijos que hasta el momento convivían con lo padres, la jubilación, la aparición de una enfermedad grave en alguno de los miembros de la familia… Todas estas situaciones pueden convertirse en el factor que desencadena un problema que, en realidad, ya llevaba tiempo gestándose en el seno de la familia.
Dificultades que pueden surgir en la pareja
¿En qué consiste la terapia?
La terapia de pareja ayuda a recuperar la relación y, cuando no es recuperable, a tener una ruptura menos conflictiva y dolorosa. El porcentaje de éxito de una terapia de pareja está en torno al 70%. Y es más alto si se acude antes de que transcurran dos años de la aparición de los primeros problemas. Aproximadamente, el 90% de las personas que acuden a terapia de pareja mejora su estado de ánimo, y cerca del 40% además también mejoran en su salud.
¿Son eficaces las terapias de pareja?
FAQs Preguntas Frecuentes
Lo importante es saber que no hace falta estar al límite para pedir ayuda. A veces la señal más clara es que lleváis tiempo discutiendo por lo mismo, os cuesta hablar sin acabar dañándoos, o sentís que la relación se ha ido distanciando, es más tensa o bien os provoca más desgaste. Otras veces el problema surge a raíz de cambios importantes que se producen en la vida, como la llegada de un hijo, dificultades con la familia, problemas de intimidad, decisiones económicas o etapas en las que ya no sabéis cómo encontraros sin entrar en conflicto y acabar discutiendo.
La terapia familiar puede ser útil cuando el problema no afecta solo a una persona, sino a la convivencia y al equilibrio de la familia. Por ejemplo, cuando hay discusiones constantes, dificultad para ponerse de acuerdo, conflictos con hijos adolescentes, problemas de comunicación, cambios vitales importantes o situaciones que están generando mucho malestar en casa. A veces no se trata de que una persona “tenga el problema”, sino de que la familia en conjunto necesita otra forma de entenderse y funcionar.
En las sesiones de terapia de pareja y familia se trabajan dificultades como la falta de comunicación, los conflictos repetidos, el reparto de responsabilidades, la economía familiar, la crianza, la relación con las familias de origen, la intimidad y la sexualidad, así como crisis que aparecen en momentos de cambio. En familia, también puede ser útil cuando hay tensión constante, desgaste en la convivencia o una sensación de que ya no sabéis cómo hablaros sin entrar en bucle.
La primera sesión es un espacio para entender qué os está pasando y cómo lo está viviendo cada uno. No se trata de decidir quién tiene razón ni de buscar culpables, sino de empezar a poner orden en el conflicto, escuchar las dos miradas y valorar qué necesita la relación en este momento.
En Haztúa, esa primera sesión se realiza con una psicóloga. A partir de ahí, una vez se ha clarificado el motivo de consulta, se asigna una profesional a cada miembro de la pareja. Esto permite que cada persona tenga su propio espacio para trabajar, de forma individual y con atención personalizada, los temas que después influyen en la relación.
A lo largo del proceso se combinan sesiones individuales con sesiones conjuntas. Las sesiones conjuntas sirven para aclarar dificultades, poner sobre la mesa necesidades, comprender mejor la vivencia del otro y trabajar la relación de una forma más consciente y constructiva. La frecuencia de esas sesiones conjuntas se va ajustando según lo que cada caso necesite.
Todo el proceso se lleva con plena coordinación entre las profesionales. Esa forma de trabajar nos permite cuidar a la vez a cada persona y al vínculo, avanzar con más profundidad y ofrecer una atención más completa.
En la primera sesión familiar se explora qué está ocurriendo en casa, cómo lo está viviendo cada miembro y qué dinámicas están manteniendo el malestar. Es un primer paso para comprender el problema con más amplitud y empezar a ver qué cambios podrían ayudar. La idea no es señalar a una sola persona, sino entender cómo se está relacionando la familia y qué necesita para recuperar equilibrio.
Sí, precisamente en esos casos suele ser muy necesaria. Muchas parejas no discuten por temas nuevos, sino por patrones que se repiten una y otra vez: la manera de hablarse, lo que cada uno interpreta, cómo se responde al malestar o cómo se evita. En terapia no solo se mira el tema de la discusión, sino la forma en la que la relación se ha ido organizando alrededor de ese conflicto. Cambiar ese patrón en la manera de comunicarse suele ser una de las partes clave del proceso.
Sí. A veces la terapia ayuda a reconstruir la relación, y otras veces ayuda a entender con más claridad qué está pasando y a tomar decisiones menos impulsivas, menos dolorosas y más honestas. En terapia, no siempre se trata de “salvar” la pareja a cualquier precio. A veces el trabajo terapéutico consiste en ver si todavía hay base para cuidarla y, si no la hay, atravesar ese proceso con más respeto y menos daño.
Es una situación bastante frecuente. A veces una de las dos personas ve claro que algo no va bien y la otra no está preparada para dar ese paso. En esos casos, empezar un espacio individual también puede ayudar a ordenar lo que está pasando, entender mejor la dinámica de la relación y valorar cómo abordarlo. Lo ideal es poder trabajar juntos, pero que una persona pida ayuda ya es un paso muy importante para avanzar hacia la solución de los conflictos.
La terapia de pareja puede ser muy útil, sobre todo cuando ambas personas están dispuestas a revisar lo que está pasando y a implicarse en el proceso. No hace magia ni borra el dolor de un día para otro, pero sí puede ayudar a cambiar los patrones de la relación, a mejorar la comunicación, a gestionar mejor los conflictos y a tomar decisiones con más claridad.
No hay una duración exacta que sirva para todos los casos. Depende del tipo de problema, del tiempo que lleve instalado, de la implicación de las personas que participan y de los objetivos que se quieran trabajar. Hay procesos más breves y otros que necesitan más recorrido. Lo importante es que el proceso tenga sentido, marque una dirección clara y ayude a generar cambios reales, no solo alivio momentáneo.
Por supuesto que no. La terapia no está para repartir culpas, sino para entender qué está ocurriendo entre vosotros y por qué os habéis quedado atrapados en esa forma de relacionaros. Cuando una pareja entra en la lógica de “quién tiene razón”, normalmente se aleja más de la solución. El trabajo terapéutico busca comprender, responsabilizar y cambiar, no señalar ni humillar.
Sí. Aunque no nos enfocamos en la sexología directamente, las dificultades en la intimidad y en la sexualidad muchas veces no aparecen aisladas, sino dentro de una relación que ya viene arrastrando distancia, resentimiento, inseguridad, falta de comunicación o cansancio. Por eso, en muchos casos, trabajar la relación ayuda también a entender qué está pasando en esa parte del vínculo y cómo empezar a recuperarla de una forma más sana y más honesta.
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