Sí, sin lugar a dudas. Cuando un adolescente se encierra, pierde interés por lo que antes le gustaba, se muestra apagado o parece desconectado de todo, tenemos que ver más allá de la propia conducta y entender qué hay detrás, qué es lo que de verdad le está pasando. A veces no sabe explicar lo que siente, y otras veces ni siquiera sabe ponerle nombre. La terapia puede ayudarle a expresar ese malestar, comprenderlo mejor y empezar a salir de ese lugar con nuestro apoyo profesional.