Lo importante es saber que no hace falta estar al límite para pedir ayuda. A veces la señal más clara es que lleváis tiempo discutiendo por lo mismo, os cuesta hablar sin acabar dañándoos, o sentís que la relación se ha ido distanciando, es más tensa o bien os provoca más desgaste. Otras veces el problema surge a raíz de cambios importantes que se producen en la vida, como la llegada de un hijo, dificultades con la familia, problemas de intimidad, decisiones económicas o etapas en las que ya no sabéis cómo encontraros sin entrar en conflicto y acabar discutiendo.
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