Mientras tanto, lo más importante es observar con calma, escuchar sin juzgar y no restar importancia a lo que le pasa. A veces, con la intención de tranquilizar, los adultos minimizamos su malestar o intentamos corregir muy rápido lo que vemos, cuando lo que más necesita ese niño o esa niña es sentirse comprendido y seguro.

En Haztúa, además, los padres no os quedáis al margen del proceso. Formáis parte activa de la terapia y contáis con una psicóloga asignada específicamente para vosotros. Ese espacio os permite entender mejor qué está ocurriendo, ordenar lo que os preocupa, resolver dudas y recibir orientación concreta para saber cómo acompañar a vuestro hijo o hija en casa.

Por eso, mientras el proceso empieza o avanza, no se trata de hacerlo perfecto, sino de estar disponibles, mantener una actitud serena y dejaros acompañar también vosotros. En terapia infantil, ayudar al menor también implica ayudar a sus padres, porque muchas veces los cambios más importantes empiezan cuando la familia comprende mejor lo que está pasando y aprende nuevas formas de sostenerlo.