La confidencialidad es una de las partes más importantes del proceso terapéutico para que este llegue a ser efectivo. La confidencialidad ayuda a que el adolescente se sienta seguro para expresarse. Necesita saber que está en un espacio donde puede hablar sin que le juzguen ni le dejen expuesto.
Al mismo tiempo, esa confidencialidad no significa que el profesional ignore la realidad si aparece una situación de riesgo. Si hubiera peligro para el propio adolescente o para otras personas, habría que actuar con la responsabilidad y el cuidado que esa situación requiera. Y esto se le explica al adolescente cuando se inicia la terapia.
Fuera de esos casos, cuando la familia forma parte del proceso, se cuida también la comunicación con los padres de una forma profesional y respetuosa, buscando siempre el bienestar del menor y el equilibrio necesario entre confianza, cuidado y responsabilidad.
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