Es completamente normal. Los niños no siempre saben poner en palabras lo que sienten, pero eso no significa que no les esté afectando. Muchas veces expresan su malestar de otras formas: con cambios de conducta, enfados, miedos, aislamiento, llanto o dificultades en casa o en el colegio.
Además, en algunos casos no cuentan lo que les pasa porque tienen miedo a preocupar a sus padres, a que se enfaden o a dejar de sentirse queridos. Por eso, en terapia infantil es tan importante crear un vínculo de confianza con la psicóloga. Ese espacio seguro les ayuda a expresarse sin miedo, a comprender mejor lo que sienten y a comunicar poco a poco aquello que no saben o no se atreven a decir directamente.
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