No siempre hay una señal clara, pero conviene prestar atención cuando el malestar se mantiene en el tiempo o empieza a afectar a su vida diaria. Cambios de comportamiento, rabietas muy intensas, miedos, tristeza, problemas para dormir, dificultades en el colegio, baja autoestima, aislamiento o mucho nerviosismo pueden ser señales de que necesita apoyo.