Cómo acompañar a un amigo en duelo

Ayudar en un duelo difícil

Muchas personas nos sentimos abrumadas ante la experiencia de la muerte cercana. En duelos especialmente difíciles, como la pérdida de una madre, un padre o un hijo, estas situaciones se vuelven mucho más complicadas, porque no sabemos de qué manera aliviar su dolor. Aquí te dejo una serie de consejos para que puedas acompañar a tu ser querido de la mejor manera posible en estos duros momentos.

Algunos consejos para acompañar en el duelo

Lo primero que tenemos que tener presente es que no podemos arreglar lo que no tiene arreglo. Esto es muy importante. Muchos amigos del doliente se sienten frustrados y terminan abandonando la comunicación porque ven inútiles sus esfuerzos, porque tratan de sanar un dolor que no se puede curar, pero sí aliviar.

acompañar amigo en duelo

El apoyo social tiene un papel fundamental en el afrontamiento del duelo de la familia. Pero muchas veces no sabemos cómo hacer sentir a la persona querida ese apoyo. Todo nos parece insuficiente, y terminamos haciendo mucho menos de lo que podríamos hacer por no saber exactamente cómo ayudar.

Tenemos que imaginarnos a nosotros mismos como un guardián custodiando la entrada de una cueva, en la que se ha refugiado nuestro amigo o amiga. Y debemos permanecer ahí, pacientes, para escuchar en silencio su inconsolable llanto algunas veces, y preparados para no obtener respuesta (a las llamadas, a los mensajes) otras.

Pero tenemos que quedarnos ahí el tiempo que sea necesario.

Habrá veces en las que veamos a nuestro amigo salir, y divertirse en el exterior. No debemos confundirnos y abandonar nuestro puesto, pensando que ya está bien y no necesita de nuestra guarda. La necesitará y mucho, durante un tiempo que solo esa persona podrá determinar.

El uso de las frases hechas

¿Te suenan estas frases?: “Cualquier cosa que necesites, ya sabes dónde estoy” o “llámame para lo que quieras”. Si nos paramos a pensar, son frases que utilizamos con frecuencia cuando las personas de nuestro alrededor pasan por un momento difícil: una ruptura amorosa, una enfermedad, la pérdida de un trabajo…  pero son frases hechas, que la persona no siente que hayan sido creadas para ella.

Debemos de tener en cuenta que cuando se pierde a un ser querido, entramos en un estado confuso en el que percibimos que vivimos la realidad un poco desde fuera, desde un tercer plano del que somos observadores, pero del que no formamos parte. Por tanto, el acto de descolgar el teléfono y llamar para buscar consuelo, se hace extremadamente difícil porque obliga a ser activo en una realidad de la que no se quiere formar parte aún.

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Un ofrecimiento tan general, por muy buenas intenciones que haya detrás, no se interpreta como una promesa sólida si luego no va acompañado de varias llamadas y acercamientos que demuestren su valor.

Y cuando quedemos, ¿menciono su pérdida?

Llegará un momento en el que el doliente se vea con fuerzas de volver a quedar con algún amigo. Cuando tienen lugar las primeras veces que vemos a esa persona después de que haya fallecido su ser querido, muchas veces optamos por no preguntar cómo se encuentra, porque no queremos remover sentimientos dolorosos.

Debemos tener presente que esa persona nunca deja de tener estos sentimientos, no tengas miedo de removerlos. De hecho, en la mayoría de los casos ayudarás a mitigarlos un poco. Es muy habitual los sentimientos de culpa en dolientes cuando comienzan a rehacer su vida social después de la pérdida. De manera que, si la persona sale con sus amigos, y se actúa como si no hubiera pasado nada, la persona puede llegar a sentirse peor. Puedes preguntarle algo como “¿cómo te encuentras hoy?, “¡qué bien verte!”. Puedes hacerlo de forma más confidencial, agarrando afectuosamente su brazo. Te lo agradecerá.

El proceso de recuperación tras la pérdida

Vivir una pérdida, especialmente si se es joven y no se está preparado para ello, va a remover todos los aspectos de su vida. Tú puedes ver a esa persona sentada contigo, tomando algo con amigos charlando de manera tranquila, pero lleva consigo un huracán, que cada vez irá menguando su tamaño, hasta que se convierta en una lluvia fina que se puede controlar.

Ten presente que la persona que ha perdido es alguien que no va a volver a ver. Con quien se reía, disfrutaba y se enfadaba. Con la que tenía planes y conversaciones pendientes que se han quedado a medias. Ha perdido algo que no se puede recuperar. Y eso lleva un proceso muy doloroso de aceptación, en el que te necesita a su lado, aunque no sepa cómo expresártelo.

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Alejandra Saura Rufín
Alejandra Saura RufínPsicóloga en prácticas