El desamor y el rechazo provocan dolor físico

Desamor y rechazo

Todos hemos sufrido en alguna ocasión el desamor y rechazo. Quien ha sufrido las consecuencias de una ruptura con su pareja ya intuía esto que ahora la ciencia demuestra. El dolor que sentimos cuando nos abandonan o cuando nos sentimos rechazados por los demás es físico. Es decir, nos duele como si nos diesen un fuerte golpe en el pecho, debajo del esternón.

Y la explicación es muy sencilla. Ethan Kross, director del estudio realizado por la Universidad de Michigan lo explica. “En nuestro cerebro se activan las mismas zonas cuando sentimos dolor físico y cuando nos sentimos rechazados por alguien a quien queremos”.

El viaje al amor

En su libro “El viaje al amor“, Eduardo Punset nos explica que desde nuestro origen celular contamos con un impulso de fusión que nos ayuda a sobrevivir uniéndonos a otros organismos.  En nuestra dotación genética transmitimos una gran cantidad de información que nos permite mantenernos vivos gracias a nuestra habilidad para permanecer en el grupo. El rechazo y el abandono de una cría de humano suponía (y supone) inevitablemente la muerte. Para la supervivencia de la especie se hizo imprescindible pertenecer y ser aceptado por el grupo.  El rechazo y el abandono significaban una muerte segura.

El sentimiento de abandono y rechazo provoca en quien lo sufre una ansiedad de separación que tiene efectos equivalentes a los del temor a la muerte. Se asemeja mucho al estado emocional previo al suicidio, tanto en niños como en adultos.

Estos resultados parecen indicar que estamos programados geneticamente para necesitar mantener buenas relaciones con los demás. También para intentar repararlas cuando hay problemas. Porque romper una relación y que nos rechacen nos provoca dolor, un dolor muy intenso.

Pero lo cierto es que a medida que vamos creciendo las habilidades innatas necesarias para mantener buenas relaciones con los demás dejan de ser suficientes y vamos necesitando aprender recursos más sofisticados. Al bebé le basta con llorar y sonreir para despertar en los adultos el instinto de protección. El resto de herramientas y habilidades que debemos utilizar las vamos adquiriendo a lo largo de nuestra experiencia vital, o no… Y ahí es donde la Psicología Positiva puede ayudar, dotando de esos recursos necesarios.