¿Cómo ayudar a una persona que lo está pasando mal?

Ser testigo del sufrimiento de un ser querido es difícil de gestionar. Sentarnos frente a alguien que siente malestar emocional nos puede generar distintas emociones. Por ejemplo, podemos frustrarnos por vernos incapaces de ayudar a esa persona a la que tanto queremos. O podemos activarnos para encontrar la ansiada solución a ese problema, y, terminar por bloquearnos.  Todas estas reacciones son comunes.

¿Qué puedo hacer?

Se nos vienen a la cabeza muchos consejos: “Si yo fuera tú…”, “Todo irá bien” etc…

También, sin tener esa intención, podemos caer en dar órdenes: “levántate, en vez de pasarte toda la mañana en la cama”.

Nuestra intención es buena, sin embargo, en la persona puede generar sentimientos de culpa e impotencia, por no poder cumplir con nuestras expectativas.

 “Parar, escuchar y dejar que la persona exprese, puede ser el mejor de los apoyos”

¿Por dónde empiezo?

Busca un espacio tranquilo, donde no haya interrupciones y la persona se sienta cómoda.  Ayuda preguntar a la persona sobre qué le apetece hacer y dónde le apetece estar. Habrá personas que prefieran estar en casa, otras ir a un parque o tomar un té en una cafetería.

Queremos generar un espacio de confianza, donde la persona se sienta a gusto para hablar. No existen fórmulas generales, como dice el dicho “cada persona es un mundo”.

ayudar persona que sufre

Vamos a repasar algunos puntos que nos pueden servir de guía:

Que tu ser querido no se sienta juzgado

Todos tenemos pensamientos que nos puede dar vergüenza compartir con los demás.

E incluso podemos sentir miedo por ¿qué van a pensar de mí?  Si tu ser querido no se siente juzgado, seguramente deje fluir sus preocupaciones. Algo que provocara alivio en él.

Además, es una oportunidad para devolver a la persona una visión más benevolente de sí mismo, “Yo también me sentiría de esa manera” “No seas tan duro contigo” son expresiones que demuestran comprensión hacia la persona.

Respetar los tiempos de la persona

Cuando preguntamos a una persona por cómo se encuentra no debemos esperar que nos cuente todo a la primera. Hay heridas que tardan en cicatrizar, y cada herida tiene su proceso.  Lo más valioso es que tu ser querido sepa que estás disponible. Cuando la persona se sienta preparada, sabrá que puede contar contigo.

Debemos dejar espacio para que la persona se exprese con tranquilidad, no ayudamos si nos ponemos en plan “interrogatorio”.

Pararnos a escuchar

Mantén una actitud abierta, escucha con atención y paciencia. ¡Y con cariño!

A veces nos preocupamos por “dar consejos” o dar nuestra opinión sobre el problema que tiene nuestro ser querido. Un buen ejercicio es pararnos a escuchar atentamente y si no sabemos cómo ayudar, podemos preguntarlo directamente ¿qué puedo hacer por ti?

La persona tendrá una visión que, quizás nos parezca extremadamente pesimista o distorsionada, pero tendremos que cuidarnos mucho de entrar en discusiones con ella. Esto tampoco significa que le demos la razón en todo lo que diga. Más bien, hay que entender que la prioridad no es tener un debate filosófico, sino ayudar emocionalmente.

Debemos partir de la base de que la persona no está equivocándose ni exagerando. Cuando dice «no valgo para nada» o «el mundo es una mierda», puede que consideremos que no es cierto, y que en verdad es una gran persona. Pero para ella es un sentimiento muy real, que a veces será muy intenso, y que debe ser respetado.

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Sus emociones son importantes

“Entiendo que sea difícil” “Eso tiene sentido”   Todas estas declaraciones son breves, pero todas afirman que la experiencia o los sentimientos de una persona son dignos y aceptados, que es la definición misma de validación.

En una conversación, validar con frases como “Por supuesto que te sientes así” o “Eso tiene mucho sentido”, no necesariamente transmite un acuerdo, pero transmiten algo aún más grande: aceptación, que subraya la sensación de seguridad.

Tenemos que dar valor a los sentimientos que tiene la persona. ¿Te suena la frase “no es un problema grave, hay personas que están peor que yo”?  No vamos a medir lo grande o pequeño que sea el problema, debemos centrarnos en las emociones que producen en la persona.

Si hay algo que nos está haciendo sufrir, merece la pena pararnos a atenderlo.

Escucha con todo el cuerpo

Podemos hacer pequeños gestos que muestren nuestro interés por la persona.  Asentir con la cabeza, mirar a los ojos, son formas de expresar que estamos escuchando y que nos importa. La cercanía física ayuda a sobrellevar sentimientos de tristeza y soledad. Si la persona rompe a llorar podemos tocar su hombro o cogerle de la mano (siempre podemos preguntar a la persona si se siente cómoda con este acercamiento).

Para cuidar, tienes que cuidar-te

Apoyar a un ser querido que sufre puede convertirse en un desgaste emocional para la persona que cuida. Es importante pararse a pensar cómo nos estamos sintiendo y qué necesitamos. Cuidarnos a nosotros mismos es la base para poder cuidar a otros.

Podemos dar la mano, pero si cargamos peso en nuestra espalda, con el tiempo, llegaremos a cansarnos.

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Referencias bibliográficas:

Consejería de Salud y Bienestar Social. (2013) Guía de Autoayuda para la Depresión y los Trastornos de Ansiedad. Sevilla. Servicio Andaluz de Salud.

Erro, J. (2016) Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis. Granada. Primera Vocal.

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Cristina Rodriguez Navarrete
Cristina Rodriguez NavarretePsicóloga en prácticas